Los Balcanes son sin duda un territorio difícil, tan espectacular como a veces terrible. Viajar por el paisaje abruptamente montañoso de Croacia, Bosnia o Serbia implica todavía hoy revivir la brutalidad de una invisible y milenaria frontera entre oriente y occidente, algo difícil de entender hoy dentro de Europa, y que comprendí mejor tras desempolvar su historia:
Lo que nos cuentan los libros es que un emperador romano, Teodosio, dividió en el año 395dc el exhausto imperio que gobernaba entre sus 2 hijos Arcadio y Honorio, trazando la división por el río Drina, en la actual frontera entre Bosnia y Serbia. Este hecho selló la primera partición de la región; dejando el Este dentro del imperio de oriente, de cultura griega y de (futura) religión ortodoxa, frente al oeste de influencia Latina, católico y obediente al papa romano. El fin de Bizancio fue el comienzo del dominio turco durante 400 años, que dejaron su huella en una parte de la población convertida al Islam.
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