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Con La Mochila

Taquile


La Isla de Taquile, se encuentra a 35 kilómetros al este de la ciudad de Puno. Su extensión es de 6 kilómetros cuadrados. Destaca por sus variados microclimas y por ser la más grande de todas las islas del Titicaca.

En el pueblo de Taquile (3,950 m.s.n.m.) existen zonas arqueológicas de las civilizaciones Tiahuanaco e Inca; pero no sólo eso, en la isla todavía están vigentes los principio morales incaicos: Ama Sua (No robes), Ama Quella (No mientas), Ama Lulla (No seas flojo).

Si alguno de los más de mil habitantes transgrede estos preceptos, tiene que rendir cuentas a las autoridades de la comunidad, las que pueden condenarlo con el destierro.
Los taquileños no sólo son excelentes tejedores y artesanos, sino, fundamentalmente, gente trabajadora, fraterna y hospitalaria.

Ellos no dudan en compartir sus casas, su sapiencia ancestral con los viajeros de todo el mundo que llegan a su isla, sí, su isla, porque la comunidad –de forma tesonera y solidaria- fue comprando su territorio de a pocos, en un proceso que duró varias décadas.

Cuenta la historia que en 1580 Taquile fue entregada al español Pedro González, el primero de sus dueños. En los siglos sucesivos la isla sería una hacienda y su población autóctona quechuhablante, sería vilmente explotada. Fueron tiempos de opresión y oscuridad.

A inicios del siglo XX la isla se convertiría en una prisión. Todo parecía ir de mal en peor para los nativos, hasta que en la década del 30, empezaron a comprar la isla de parcela en parcela. No había otra forma. Ellos no eran ricos y el dinero escaseaba, siempre era insuficiente.
Lo que no escaseaba era la paciencia, la decisión, el compromiso de recuperar las tierras de sus ancestros, para vivir mejor y sentirse dueños de sus campos y chacras. Dueños de su presente y su futuro. La estrategia fue un éxito: en 1970, Taquile, otra vez, fue de los taquileños.
Reposo y tranquilidad son dos palabras que podrían definir a este pueblo lacustre de sencillas casas de adobe y vistoso arcos de piedra. En sus callecitas de quietud, los hombres se reúnen para conversar y tejer, mientras las mujeres hilan o se dedican a las labores domésticas.
Eso no es todo, en la isla hay interesantes vestigios tiahuanacotas e incaicos, recintos en los que se rendía culto a la Pachamama (Madre Tierra) y al Inti (Dios Sol). Estos se encuentran al norte y al sur de Taquile, en los sectores conocidos como Hanacc Cari (habría vivido la nobleza) y Uray Cari (destinado al pueblo), respectivamente.

Para visitarla se deben abordar las lanchas que zarpan a partir de las 7:00 horas del puerto de Puno. El viaje dura más de dos horas. Al desembarcar en la isla hay que caminar cerca de 30 minutos.

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